Agotado por el trastorno obsesivo compulsivo (y por su tratamiento)

El TOC agota. Quien lo padece está cansado de sufrir. Las ideas y las imágenes se transmutan en angustiantes interrogantes: “¿Y si no cerré la puerta de casa con llave al salir?”, “¿Dejé encendida la estufa?”, “¿Qué ocurre si pierdo el control y me torno violento?”… Estos cuestionamientos recorren la cabeza de un afectado por trastorno obsesivo en un ciclo que parece no tener un final. Puede que los de alrededor vean a una persona que transmite incluso calma cuando están a su lado; sin embargo, no tienen ni idea del tsunami interno que siempre está azotando la mente de estas personas. El tratamiento más exitoso para intentar conseguir derrotar al trastorno obsesivo compulsivo requiere exponerse repetidamente a pensamientos espantosos sin ceder ante el alivio a corto plazo que proporcionan las acciones compulsivas. La clave es reconocer que no es posible superar mentalmente el trastorno ni vencerlo con argumentos racionales ni escapar de él. Se debe tomar la decisión voluntaria de enfrentarse directamente. Por ejemplo, si se está obsesionado con la contaminación y los gérmenes se debe abandonar las compulsiones relacionadas, o sea, usar baños públicos y tratar de no lavarse las manos en repetidas ocasiones. Hay que escoger darle la bienvenida a la amenaza. Así, nuestro cerebro se acostumbrará e incluso se aburrirá de la amenaza, pues se dará cuenta de que en verdad no hay nada de lo que tener miedo. El objetivo del tratamiento del TOC es procurar que los pensamientos sean irrelevantes, no hacer que desaparezcan porque eso es imposible. La exposición directa y prevención de la respuesta es el mejor método, es decir, exponerse voluntariamente a nuestros miedos. Sabemos que es aterrador y a menudo insoportable, algo así como deambular en medio de un enjambre de abejas sin traje ni protección alguna, únicamente armados con una convicción absoluta de que no nos picarán y la creencia cierta de que si lo hacen eso nos ayudará a mejorar. Al mismo tiempo, debemos ir esforzándonos en abandonar esa vergüenza y culpa que provoca este trastorno de salud mental, con el fin de poder aceptar nuestra propia personalidad.

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