Fármacos en el trastorno obsesivo compulsivo

Este trastorno es poco frecuente pero cuando se da es grave, comenzando habitualmente en los que lo sufren alrededor de los veinte años o incluso a edades más tempranas. Su presencia supone una alteración significativa de la calidad de vida y del desempeño de los afectados, además de generar un costo económico considerable. El diagnóstico de trastorno obsesivo compulsivo tiene lugar en presencia de obsesiones, compulsiones o ambas. Las primeras se definen como pensamientos, imágenes o urgencias recurrentes, persistentes e intrusivas que provocan significativa ansiedad. Las compulsiones son conductas o actos mentales repetitivos que disminuyen la ansiedad generada por las obsesiones. Tanto las obsesiones como las compulsiones consumen un tiempo considerable y generan un nivel significativo de disfunción. Nueve de cada diez sujetos con TOC presentan comorbilidades como los trastornos del estado de ánimo, las psicosis y la bipolaridad. El tratamiento incluye la aplicación de estrategias de terapia cognitivo conductual, especialmente la exposición y prevención de la respuesta. Dicho abordaje resulta equivalente o superior frente a la farmacoterapia y puede administrarse en un contexto individual o grupal, con beneficios a largo plazo. No obstante, los beneficios pueden ser aún más duraderos si la terapia psicológica se combina con fármacos. Al comienzo del tratamiento de los pacientes las drogas a administrar son las consideradas de primera línea e incluyen el escitalopram, la fluoxetina, la fluvoxamina, la paroxetina y la sertralina. En ausencia de respuesta adecuada recomiendan reemplazar por otro agente de primera línea. Si dicha estrategia no resulta apropiada puede optarse por la administración de una droga de segunda línea. Entre estas se incluyen el citalopram, la clomipramina, la mirtazapina y la venlafaxina XR, en tanto que las opciones de tercera línea incluyen la administración de citalopram o clomipramina por vía intravenosa o el uso de duloxetina, fenelzina, tramadol o tranilcipromina. Dadas las dificultades que puede suponer el tratamiento de los individuos con este problema, resulta importante el empleo de tratamientos adyuvantes si el afectado presenta un cuadro resistente. Como opciones adyuvantes de primera línea se incluyen el aripiprazol y la risperidona, en tanto que las opciones de segunda línea son la memantina, la quetiapina y el topiramato. Las drogas adyuvantes de tercera línea incluyen la amisulprida, el celecoxib, el citalopram, el haloperidol, la mirtazapina, la N-acetilcisteína, la olanzapina, la pregabalina y la ziprasidona, entre otras. No se recomienda el tratamiento con clonazepam, clonidina o desipramina. En ausencia de respuesta adecuada al tratamiento, siempre será necesario reevaluar el diagnóstico e identificar las comorbilidades.

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